Paciencia
La paciencia es una virtud que nos permite mantener la calma y la serenidad, especialmente frente a situaciones difíciles. Es una forma de cultivar la sabiduría y la compasión, aceptando las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamento. Al cultivar esta virtud, las personas saben esperar con calma a que las cosas sucedan, piensan que los acontecimientos no dependen exclusivamente de uno mismo, se les debe otorgar tiempo. Paciencia no es sinónimo de pasividad, ni de resignación, sino al contrario, es un estado activo en el que decidimos conscientemente esperar para hacer nuestro movimiento, pasamos de ser personas reactivas para convertirnos en personas reflexivas.Ese cambio nos brinda un enorme poder; esperar el momento justo para actuar, sin desesperarse, de manera que podamos sacar el mayor provecho posible de las circunstancias. Es la capacidad de padecer, soportar, o sostener algo, sin alterarse. Saber esperar, respetar tiempos y hacer una pausa cuando la ocasión lo amerita, sobre todo con nuestros pensamientos. Cuanto más abrumados nos encontremos, y las preocupaciones fomentadas por nuestras creencias se hagan más y más grandes, es cuando es mayor la necesidad de ser pacientes, de parar.
No actuar, dar tiempo, tomar distancia emocional de aquéllo que ha sucedido, esperar y entrar en contacto con uno mismo, es una buena opción para calmar esa mente agitada que salta de pensamiento en pensamiento de manera alterada hasta dejarnos confusos. Calmar las aguas de nuestras mentes, no dejándose llevar por el ruido de la inmediatez o lo placentero, y esperar el tiempo que sea necesario, de modo de alcanzar un estado de quietud mental. Si nos dejamos llevar por la impaciencia, la ira, la ansiedad o la frustración, además de sentirnos mal, seguramente acabaremos por tomar decisiones precipitadas, fruto de nuestros impulsos, en vez de ser capaces de adoptar otras miradas, otras perspectivas que resulten más beneficiosas para todos.